Existen numerosos modelos de psicoterapia. Cada uno ofrece una forma distinta de comprender el sufrimiento psicológico, construir el caso clínico y facilitar el cambio.
La terapia EMDR – Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares – ocupa una posición particular dentro de este panorama. Aunque cuenta con un protocolo estructurado y un modelo teórico propio, incorpora principios que dialogan con diferentes tradiciones psicoterapéuticas.
En el EMDR encontramos elementos relacionados con la terapia cognitivo-conductual, los enfoques humanistas, el trabajo psicodinámico, la atención plena, las terapias somáticas y otros modelos experienciales.
Sin embargo, esto no significa que el EMDR sea una simple combinación de técnicas. Es una psicoterapia completa y estructurada, organizada en ocho fases, que se apoya en el modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información. Su naturaleza integradora permite adaptarla a diferentes necesidades clínicas sin perder la coherencia del tratamiento.
El reconocimiento internacional de la terapia EMDR
El EMDR se desarrolló inicialmente para trabajar con recuerdos traumáticos y actualmente se considera uno de los tratamientos psicológicos con mayor respaldo para el trastorno de estrés postraumático.
La Organización Mundial de la Salud incluye el EMDR entre las intervenciones psicológicas que deben considerarse para el tratamiento del TEPT en adultos. La guía clínica del Departamento de Asuntos de los Veteranos y el Departamento de Defensa de Estados Unidos recomienda con fuerza el EMDR, la terapia de procesamiento cognitivo y la exposición prolongada como psicoterapias individuales focalizadas en el trauma. (World Health Organization)
La investigación disponible muestra que el EMDR puede reducir los síntomas postraumáticos. No obstante, las comparaciones más recientes no permiten afirmar que sea universalmente superior a todas las demás psicoterapias focalizadas en el trauma. Una revisión y metaanálisis de 2024 no encontró diferencias significativas entre el EMDR y otros tratamientos psicológicos activos para el TEPT. (PubMed)
Por tanto, la elección del tratamiento debe considerar la evaluación clínica, las características del paciente, sus preferencias, la formación del profesional y las posibles condiciones concurrentes.
¿Por qué se considera el EMDR un enfoque integrador?
La terapia EMDR no trabaja únicamente con pensamientos, emociones o sensaciones corporales. Durante el tratamiento se exploran de manera conjunta:
- el recuerdo o la experiencia seleccionada;
- las imágenes asociadas;
- las creencias negativas sobre uno mismo;
- las emociones;
- las sensaciones físicas;
- las respuestas defensivas;
- las asociaciones que aparecen durante el reprocesamiento.
Esta forma de trabajar permite integrar diferentes niveles de la experiencia. El tratamiento no se dirige solo a cambiar una interpretación cognitiva ni se limita a reducir la activación emocional. Su objetivo consiste en favorecer un procesamiento más adaptativo del recuerdo y de sus consecuencias actuales.
El modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información
El marco teórico central del EMDR es el modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información, conocido como modelo PAI o AIP por sus siglas en inglés.
Según este modelo, algunas experiencias perturbadoras pueden quedar almacenadas de manera insuficientemente procesada. Las emociones, sensaciones corporales, imágenes y creencias vinculadas a esas experiencias pueden activarse en el presente como si el peligro siguiera ocurriendo.
Durante el reprocesamiento, el paciente mantiene simultáneamente el contacto con el recuerdo y con la seguridad relativa del presente. A esta condición se la denomina atención dual.
El objetivo es que la experiencia pueda conectarse con información más adaptativa. Por ejemplo, una creencia como «estoy indefenso» puede evolucionar hacia una percepción más ajustada al presente, como «ahora puedo protegerme» o «hice lo que pude para sobrevivir».
El papel de la estimulación bilateral
Durante determinadas fases del protocolo se emplean movimientos oculares u otras formas de estimulación bilateral alterna, como sonidos o pequeños golpecitos táctiles.
Su mecanismo de acción todavía no se comprende por completo. Se han propuesto diferentes explicaciones, entre ellas la sobrecarga de la memoria de trabajo, la respuesta de orientación, la regulación de la activación y la facilitación del procesamiento asociativo.
La investigación contemporánea recomienda entender el EMDR como una psicoterapia completa. Sus efectos no deberían atribuirse exclusivamente a los movimientos oculares, aislándolos de la evaluación, la preparación, la relación terapéutica y el resto del protocolo. (PubMed)
Las ocho fases de la terapia EMDR
El EMDR no consiste simplemente en pedir al paciente que piense en un trauma mientras sigue con la mirada los dedos del terapeuta. El tratamiento se desarrolla mediante ocho fases:
- historia clínica y planificación del tratamiento;
- preparación;
- evaluación del recuerdo seleccionado;
- desensibilización;
- instalación de la cognición positiva;
- exploración corporal;
- cierre;
- reevaluación.
Estas fases ayudan a garantizar que el trabajo de reprocesamiento esté integrado en una conceptualización clínica más amplia. También permiten evaluar los recursos del paciente, su capacidad de regulación y la necesidad de adaptar el tratamiento.
EMDR y terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual ayuda al paciente a identificar y modificar pensamientos, interpretaciones y creencias que contribuyen al malestar.
El EMDR también presta atención a las cogniciones negativas. Durante la evaluación puede identificarse una creencia como:
«No soy suficiente».
Posteriormente se selecciona una cognición positiva más adaptativa, por ejemplo:
«Soy válido tal como soy».
Sin embargo, la modificación cognitiva no suele producirse mediante una discusión directa de la creencia o una búsqueda deliberada de pruebas a favor y en contra.
Desde el modelo PAI, la cognición negativa se entiende como parte de una red de memoria insuficientemente procesada. A medida que el recuerdo se reprocesa, la persona puede acceder espontáneamente a nuevas interpretaciones, emociones y perspectivas.
Esto no convierte a la TCC y al EMDR en tratamientos opuestos. Ambos pueden trabajar sobre significados, conductas de evitación y aprendizajes disfuncionales, aunque utilizan procedimientos y conceptualizaciones diferentes.
EMDR e Internal Family Systems
El modelo Internal Family Systems considera que la mente está formada por diferentes partes y que, en determinadas circunstancias, algunas de ellas adoptan funciones protectoras.
La integración con el EMDR puede ayudar a trabajar cuando una parte del paciente desea reprocesar un recuerdo, mientras otra teme sentirse desbordada, perder el control o ser herida de nuevo.
Antes de iniciar el reprocesamiento, el terapeuta puede explorar qué partes se oponen al trabajo y qué necesitan para sentirse suficientemente seguras. También puede ayudar al paciente a acceder a una posición interna caracterizada por mayor curiosidad, calma y compasión.
Existen semejanzas entre esta orientación y la dirección adaptativa que puede surgir durante el EMDR. Sin embargo, el Self de IFS y las redes adaptativas del modelo PAI pertenecen a marcos teóricos diferentes y no deben considerarse conceptos equivalentes.
La combinación de ambos modelos requiere formación específica y una conceptualización coherente del caso.
EMDR y enfoques psicodinámicos
Los modelos psicodinámicos consideran que muchas dificultades actuales están relacionadas con experiencias pasadas, conflictos emocionales, patrones relacionales y procesos que no siempre son plenamente conscientes.
El EMDR comparte la importancia atribuida a la historia de la persona. Un acontecimiento presente puede funcionar como desencadenante porque activa redes de memoria relacionadas con experiencias anteriores.
Durante la estimulación bilateral pueden aparecer imágenes, recuerdos, emociones y asociaciones que no habían sido identificados al comienzo de la sesión. Este proceso recuerda, en algunos aspectos, a la asociación libre.
Sin embargo, existen diferencias importantes. En el EMDR, las asociaciones surgen dentro de un procedimiento estructurado y no dependen principalmente de la interpretación del terapeuta. Además, el foco se mantiene sobre el procesamiento de los recuerdos seleccionados y sus conexiones con el presente.
EMDR y Terapia de Aceptación y Compromiso
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) busca desarrollar la flexibilidad psicológica, es decir, la capacidad de permanecer en contacto con pensamientos, emociones y sensaciones difíciles sin organizar la vida alrededor de su evitación.
Esta perspectiva puede complementar el EMDR, ya que muchas personas traumatizadas evitan recuerdos, emociones o sensaciones corporales que perciben como insoportables. Durante la preparación, procesos de ACT como la aceptación, la defusión cognitiva y la atención al presente pueden ayudar al paciente a observar lo que aparece sin sentirse completamente dominado por ello.
Mientras el EMDR trabaja con las redes de memoria que alimentan las respuestas actuales, ACT ayuda a construir una vida guiada por valores. De este modo, la integración no se limita a reducir los síntomas, sino que favorece una participación más libre y significativa en el presente.
EMDR y terapias basadas en mindfulness
La práctica de mindfulness enseña a observar pensamientos, emociones y sensaciones sin reaccionar automáticamente ante ellos.
En el EMDR también se invita al paciente a notar lo que aparece. Después de cada serie de estimulación, el terapeuta puede preguntar:
«¿Qué notas ahora?».
La persona no necesita controlar el proceso ni encontrar una explicación inmediata. Puede observar una imagen, una emoción, un pensamiento, una sensación corporal o un cambio en la intensidad del recuerdo.
Esta actitud favorece el descentramiento: el paciente aprende a reconocer que está experimentando una emoción o un pensamiento, sin identificarse completamente con ellos.
La principal diferencia es que, durante el reprocesamiento EMDR, la atención al presente se combina con la activación de un recuerdo perturbador. El paciente mantiene un pie en la experiencia pasada y otro en la seguridad relativa de la consulta.
EMDR y Terapia Dialéctico-Conductual
La Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) ofrece habilidades específicas para manejar la desregulación emocional, las crisis, la impulsividad y las dificultades interpersonales. Por ello, puede complementar el EMDR cuando el paciente presenta una elevada inestabilidad o dificultades para mantenerse dentro de su ventana de tolerancia.
Antes del reprocesamiento, las habilidades de mindfulness, regulación emocional y tolerancia al malestar pueden aumentar la capacidad de reconocer la activación, permanecer presente y comunicar la necesidad de ralentizar el trabajo.
La DBT ayuda a gestionar el presente, mientras que el EMDR puede abordar las experiencias traumáticas que mantienen determinadas respuestas emocionales y conductuales. Cuando existen autolesiones, riesgo suicida o conductas graves, la prioridad debe ser siempre la seguridad y la estabilización antes de iniciar el reprocesamiento.
EMDR y terapias somáticas
El cuerpo tiene un papel relevante en la terapia EMDR.
Durante la evaluación se pregunta qué sensaciones físicas aparecen al conectar con el recuerdo. También existe una fase específica de exploración corporal destinada a identificar posibles restos de perturbación después de la instalación de la cognición positiva.
Las terapias somáticas pueden dedicar una atención todavía más detallada a la postura, el movimiento, los impulsos defensivos, la respiración y la regulación autonómica. Sin embargo, ambos enfoques comparten la idea de que una experiencia traumática no se expresa únicamente mediante pensamientos o recuerdos narrativos.
La integración entre EMDR y trabajo corporal puede resultar especialmente útil cuando el paciente presenta una fuerte activación fisiológica, desconexión corporal, respuestas de inmovilización o dificultades para expresar verbalmente lo ocurrido.
Esta integración requiere una evaluación cuidadosa. No todas las sensaciones corporales deben intensificarse ni todas las personas pueden sostener inmediatamente el contacto con ellas.
EMDR y teoría del apego
La teoría del apego permite comprender cómo las primeras relaciones influyen en la regulación emocional, la confianza y las expectativas sobre uno mismo y los demás. En EMDR, esta perspectiva ayuda a identificar experiencias relacionales que sostienen creencias como «no soy digno de amor», «no puedo confiar en nadie» o «si me acerco, me harán daño».
La relación terapéutica puede convertirse en una base suficientemente segura desde la que explorar esas experiencias. Sin embargo, también puede activar miedo al abandono, necesidad de aprobación o temor a la cercanía.
El EMDR puede utilizarse para reprocesar recuerdos de negligencia, rechazo, humillación o falta de protección. El objetivo no es eliminar la necesidad de vínculo, sino favorecer una mayor capacidad para confiar, pedir ayuda, establecer límites y diferenciar las relaciones actuales de aquellas en las que se originó el peligro.
EMDR y terapia narrativa
La terapia narrativa ayuda a separar a la persona del problema. En lugar de considerar que alguien «es» débil, ansioso o problemático, explora cómo determinadas experiencias y discursos han influido en su identidad.
El EMDR también puede producir cambios en la narrativa personal. Después del reprocesamiento, una afirmación como:
«Soy débil porque no pude defenderme»
puede transformarse en:
«Sobreviví a una situación para la que no disponía de recursos».
En ambos enfoques, la persona deja de definirse exclusivamente a partir del trauma. El recuerdo no desaparece, pero cambia el significado que ocupa dentro de su historia.
La diferencia es que la terapia narrativa trabaja principalmente mediante el lenguaje, la externalización y la reconstrucción de relatos, mientras que el EMDR incorpora imágenes, emociones, cogniciones y sensaciones corporales.
EMDR en terapia de pareja y familiar
Los efectos del trauma no se limitan al individuo. Pueden influir en la confianza, la intimidad, la regulación emocional y la capacidad de pedir o recibir apoyo.
Por esta razón, algunos profesionales integran el EMDR en la terapia de pareja o familiar. El trabajo puede dirigirse a recuerdos que alimentan reacciones intensas dentro de la relación, siempre que se hayan evaluado previamente la seguridad, la estabilidad y las condiciones del vínculo.
En algunos casos, la pareja o la familia pueden convertirse en una fuente de apoyo. En otros, el contexto relacional puede mantener la amenaza o aumentar la desregulación.
La integración no debe realizarse automáticamente. Es necesario valorar la violencia, la coerción, los conflictos de lealtad, la confidencialidad y la capacidad de cada miembro para participar sin sentirse expuesto.
Integrar el EMDR no significa improvisar
La flexibilidad del EMDR constituye uno de sus puntos fuertes, pero también puede generar malentendidos.
Integrar otros enfoques no significa seleccionar técnicas aisladas y aplicarlas sin una formulación clínica. Tampoco significa iniciar inmediatamente la estimulación bilateral cada vez que aparece un recuerdo traumático.
Una integración responsable debe respetar:
- las ocho fases del protocolo;
- la historia clínica y la conceptualización del caso;
- la preparación y los recursos del paciente;
- la evaluación del riesgo;
- la capacidad de regulación emocional;
- la presencia de disociación;
- la ventana de tolerancia;
- el consentimiento informado;
- los límites de la formación profesional.
En personas con trauma complejo, elevada disociación, inestabilidad grave o escasos recursos de regulación, puede ser necesario dedicar más tiempo a la evaluación, la preparación y la construcción de seguridad.
El objetivo no es completar el protocolo con la mayor rapidez posible. El objetivo es facilitar un procesamiento que el paciente pueda sostener e integrar.
EMDR de principio a fin. Formación completa de fundamentos para el tratamiento del TEPT y el trauma complejo
Una psicoterapia estructurada y abierta al diálogo
El carácter integrador del EMDR no procede únicamente de su semejanza con otras terapias. Se relaciona con su capacidad para trabajar de forma simultánea con memoria, cognición, emoción, cuerpo, conducta y relación terapéutica.
Esta amplitud permite establecer puentes con diferentes modelos sin renunciar a una estructura propia.
La terapia cognitivo-conductual aporta herramientas para comprender creencias y aprendizajes. Los enfoques humanistas recuerdan la importancia de la empatía y la autonomía. Las perspectivas psicodinámicas ayudan a explorar la influencia del pasado. El mindfulness favorece una observación menos reactiva. Las terapias somáticas incorporan el lenguaje del cuerpo. Los enfoques narrativos, sistémicos e IFS amplían la comprensión de la identidad, las partes internas y las relaciones.
Cuando estas aportaciones se integran con rigor, el EMDR puede formar parte de un tratamiento individualizado, sensible al trauma y adaptado a las necesidades de cada paciente.
Referencias
- De Jongh, A., Amann, B. L., Hofmann, A., Farrell, D. y Lee, C. W. (2019). The status of EMDR therapy in the treatment of posttraumatic stress disorder 30 years after its introduction. Journal of EMDR Practice and Research.
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- Hoogsteder, L. M., Ten Thije, L., Schippers, E. E. y Stams, G. J. J. (2022). A meta-analysis of the effectiveness of EMDR and TF-CBT in reducing trauma symptoms and externalizing behavior problems in adolescents. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology.
- Linder, J. N. (2020). How licensed EMDR and EFT clinicians integrate both models in couple therapy: A thematic analysis. Alliant International University.
- Matthijssen, S. J. et al. (2020). The current status of EMDR therapy, specific target areas, and goals for the future. Journal of EMDR Practice and Research.
- Shapiro, F. E. (2002). EMDR as an Integrative Psychotherapy Approach. American Psychological Association.
- Shapiro, F. (2007). EMDR, adaptive information processing, and case conceptualization. Journal of EMDR Practice and Research.
- Van der Kolk, B. A. et al. (2007). A randomized clinical trial of EMDR, fluoxetine, and pill placebo in the treatment of posttraumatic stress disorder. Journal of Clinical Psychiatry.
- World Health Organization (2023). Psychological interventions for adults with post-traumatic stress disorder.
- VA/DoD (2023). Clinical Practice Guideline for the Management of Posttraumatic Stress Disorder and Acute Stress Disorder.
Artículo traducido, revisado y actualizado a partir del texto publicado por Formazione Continua in Psicologia, adaptado originalmente del artículo de Jason N. Linder, “The Unique Integrative Aspects of EMDR”.







